COOPERATIVISMO OBRERO, CONSEJISMO Y AUTOGESTIÓN SOCIALISTA

      ALGUNAS LECCIONES PARA EUSKAL HERRIA


      3.2. 1917, COOPERATIVAS Y SOCIALISMO

      Los bolcheviques eran muy conscientes de esta contradicción y desde comienzos de 1917 obraron con prudencia como reconoce Trotsky en el primer volumen de su "Historia de la Revolución Rusa". Saliendo en defensa de Lenin, sostiene que:

      "Las consideraciones sociológicas generales no permitían decidir a priori si los campesinos en su conjunto eran o no capaces de alzarse contra los terratenientes. La acentuación de las tendencias capitalistas en la economía agrícola durante el período comprendido entra las dos revoluciones --1905-1917--; la formación de un sector de campesinos acomodados, separados con sus fincas del primitivo régimen "comunal"; los extraordinarios progresos hechos por la cooperación agraria, acaudillada por los campesinos acomodados y ricos; todo esto no permitía saber con seguridad, de antemano, cual de las dos tendencias prevalecería en la revolución, su el antagonismo agrario de casta entre los campesinos y la nobleza o el antagonismo de clase dentro del mismo campesinado".

      Las incertidumbres eran apreciables y la prudencia bolchevique resultó decisiva para resolver una de las cuestiones estratégica de la revolución, cuestión estrechamente relacionada además de con el problema de la propiedad de la tierra, también con el problema de del contenido de clase del cooperativismo, porque, según Trotsky:

      "A principios de mayo se reunió en Petrogrado al Congreso de campesino de toda Rusia. Los representantes habían sido nombrados desde arriba y tenían un carácter con frecuencia fortuito (...) A este Congreso acudieron como delegados los intelectuales populistas de extrema derecha, gente ligada principalmente con los campesinos, por medio de la cooperación comercial, o sólo por los recuerdos de la juventud. El verdadero "pueblo" estaba representado por los elementos más acomodados del campo, los kulaks, los tenderos y los cooperativistas de la aldea".

      La prudencia bolchevique para con las contradicciones y limitaciones de los campesinos fue una constante en vida de Lenin. Y, como veremos, el cooperativismo socialista fue adquiriendo cada vez más importancia conforme se constataban las enormes dificultades que la construcción del Poder Soviético encontraba en las cadenas culturales, psicológicas y subjetivas de las masas campesinas heredadas e impuestas por la explotación de siglos. Pero, a la vez, el bolchevismo leninista tenía una confianza plena en la iniciativa de las masas. Son célebres las palabras de Lenin al comentar que el histórico "Decreto sobre la tierra" de finales de octubre de 1917 --"Queda abolida en el acto sin ninguna indemnización la gran propiedad agraria terrateniente"-- había sido redactado por los socialistas revolucionarios y no por los bolcheviques:

      "Sea así. La vida es el mejor maestro y mostrará quién tiene razón. Que los campesinos resuelvan este problema por un extremo y nosotros por el otro. La vida nos obligará a acercarnos en el torrente común de la iniciativa revolucionaria, en la concepción de las nuevas formas del Estado. Debemos marchar al paso de la vida; debemos conceder plena libertad al genio creador de las masas populares".

      La prudencia hacia el campesinado se asentaba en una muy decidida iniciativa de fortalecer el Poder de los Soviets con conquistas revolucionarias cualitativas como las que aparecen en el "Proyecto de reglamento del Control Obrero" redactado por Lenin el mismo día que su declaración anterior: "Queda establecido el control obrero sobre la producción, conservación y compraventa de todos los productos y materias primas en todas las empresas industriales, comerciales, bancarias, agrícolas, etc., que cuenten con cinco obreros y empleados (en conjunto), por lo menos, o cuyo giro anual no sea inferior a 10.000 rublos". La extensión del control obrero a las empresas agrícolas va destinado a asegurar que en un contexto tan cargado de prejuicios, dependencias y miedos impuesto por la explotación, en un marco así crezca la autoconfianza de los campesinos pobres y trabajadores agrarios.

      Pero hay más, Lenin quiere que las masas campesinas tengan aún más facilidades prácticas para identificarse con la clase obrera urbana, y por eso en el "Proyecto de decreto sobre las comunas de consumo", redactado justo dos meses más tarde, a finales de diciembre de 1917, sostiene que:

      "Quizá pudiera tratarse, en lugar de "cooperativas", de "Soviets de diputados obreros y campesinos" con participación de empleados de comercio, etc., etc. Cada una de estas cooperativas o comités o Soviets (o el comabasventa) se subdividiría en secciones o departamentos por ramas de venta y por tipos de productos de abastecimiento para la regulación general de la producción y del consumo (cada comabasventa debe tener s sección de financiación, o de ingresos y gastos de dinero). Con la admisión del impuesto de utilidades y del derecho a conceder créditos, sin intereses, a los pobres, así como del trabajo general obligatorio, eso podría constituir la célula de la sociedad socialista".

      El Poder de los Soviets nació en una situación caótica y extremadamente empobrecida. Aunque la nueva democracia socialista --dictadura del proletariado-- permitió y potenció una explosión de creatividad e iniciativa de las masas trabajadoras, las condiciones eran tan terribles que las fuerzas revolucionarias no podía atender a todos los problemas. Las fuerzas reformistas --mencheviques, socialistas revolucionarios de derechas, etc.,-- aprovecharon esta situación para afianzarse entre los sectores obreros y campesinos menos concienciados. Sectores que provenían de un contexto social tan complejo como el analizado por Lenin en "Acerca del infantilismo "izquierdista" y del espíritu pequeñoburgués" a comienzo de mayo de 1918: "1) economía campesina patriarcal, es decir, natural en grado considerable; 2) pequeña producción mercantil (en ella se incluye la mayoría de los campesinos que venden cereales); 3) capitalismo privado; 4) capitalismo de Estado; 5) socialismo".

      En estas complejas condiciones, los sectores menos concienciados no respondían sólo a motivaciones ideológicas, religiosas, costumbristas y tradicionalistas, sino, antes que nada y en cuanto base materialista, a sus condiciones socioeconómicas de existencia, base sobre la que se levantaban luego toda serie de prejuicios reaccionarios y subjetivos en apariencia separados totalmente de la miseria material objetiva. Una de las finalidades y a la vez virtudes del cooperativismo o de los comités o de los Soviets era precisamente, de un lado, la de poner sobre sus pies esta situación invertida, demostrando en la práctica diaria a las masas trabajadoras que disponían de instrumentos concretos para emanciparse a sí mismas; y, de otro lado, simultáneamente, demostrar que por debajo de tanta aparente diferencia y dentro de tanta complejidad, existía una explotación última de su fuerza de trabajo, de su género y de su nacionalidad que sólo podía resolverse mediante la revolución socialista.

      La prudencia bolchevique antes analizada respondía a esta muy científica comprensión de la complejidad estructural de Rusia, de sus tremendas diferencias internas y de la necesidad de tener en cuenta su desarrollo desigual y combinado. Además, en el verano de 1918 el ejército internacional de la burguesía invadió Rusia y apoyó con ingentes cantidades de técnicos, armas y dinero a la contrarrevolución interna. Por si fuera poco, también en ese verano los socialistas revolucionarios atentaron contra los bolcheviques. No podemos extendernos aquí en las causas sociales de este proceso que, básicamente, nos remiten a la complejidad de la lucha de clases en una Rusia revolucionara atrasada, cercada, debilitada, enferma y hambrienta.

      3.3. OTOÑO 1918, CRISIS Y COOPERACIÓN SOCIALISTA

      En el otoño e invierno de 1918-19, la situación era agónica y precisamente fue entonces cuando Lenin insistió una y otra vez en la importancia estratégica del cooperativismo socialista y de una prudencia que no se limitaba a los campesinos pobres, la inmensa mayoría, sino también a la pequeña burguesía y al cooperativismo obrero aún no integrado efectivamente en la práctica del Poder Soviético, como insiste en el "Discurso en el III Congreso de las cooperativas obreras", del 8 de diciembre de 1918, donde, además, sostiene que: "Todos convenimos en que las cooperativas son una conquista del socialismo. Por eso cuesta tanto lograr las conquistas socialistas. Por eso es tan difícil triunfar. El capitalismo dividió intencionadamente a los sectores de la población. Esta división tiene que desaparecer definitiva e irrevocablemente, y toda la sociedad ha de convertirse en una sola cooperativa de trabajadores". Y prudencia también para atraerse al campesinado medio, respecto al cual: "ciframos nuestras esperanzas en una labor persuasiva larga y paulatina", como dijo Lenin en el "Discurso del I Congreso de las secciones agrarias", justo una semana después, el 14 de diciembre 1918.

      También en esta misma época, Lenin replanteó las "Tareas de los sindicatos" porque: "Las formas transitorias requieren nuevos métodos de organización. Por ejemplo, los comités de campesinos pobres en las zonas rurales desempeñan un papel gigantesco (...) No se puede renunciar a la tarea de organizar a los campesinos pobres so pretexto de que son obreros asalariados. Se puede y se debe buscar, buscar y buscar nuevas formas, aunque sólo sea, por ejemplo, fundando sindicatos de campesinos pobres". El bolchevismo veía como imprescindible que se movilizasen las más amplias masas de trabajadores, sobre todo los que no lo habían hecho en las primeras fases de la revolución, allá por febrero de 1917, y que ahora, en las insoportables condiciones de invierno de 1918-19, podían pasar de la desmovilización a la reacción.

      El cooperativismo y en general el sovietismo era uno de los recursos para ilusionar y hacer intervenir a esas masas en la resolución de sus propios y angustiosos problemas, junto a otros instrumentos que no podemos exponer ahora. El "Proyecto de disposición del CCP sobre el cooperativismo" de finales de enero de 1919 indica que, además insistir en fortalecer el "papel predominante de la población proletaria y semiproletaria en la conducción del movimiento cooperativista", también "recomendar a las cooperativas obreras que consigan en la Directiva de la Unión de Cooperativas una mayoría de delegados y que aseguren la incorporación de comunistas experimentados a ese organismo".

      Nos hacemos así una idea muy precisa de la situación real del problema y de la importancia que para Lenin tenía lograr la participación directiva de las masas y de los comunistas para contrarrestar las influencias burguesas y reformistas. No había pasado una semana desde el Proyecto citado, cuando Lenin vuelve a la carga con las "Medidas para la transición del sistema cooperativo burgués de abastecimiento y distribución al sistema comunista proletario". El inicio del texto es definitivamente aclaratorio: "El asunto de las cooperativas y de las comunas de consumo, recientemente debatido en el Consejo de Comisarios del Pueblo, plantea el problema más vital del momento: las medidas de transición de las cooperativas burguesas a una asociación comunista de producción y consumo, que agruparía a toda la población".

      Y ante el problema más vital, la primera medida necesaria que Lenin propone es "Discutir este problema en la prensa". La razón para discutir el público tan vital problema no es otra que la de implicar a las masas trabajadoras, ampliar los argumentos socialistas y concienciar socialmente. La lucha de clases que se está librando, que en muchos sitios es también lucha de liberación nacional y social, exige un mayor control de las viejas clases poseedoras.

      Mes y medio después, a mediados de marzo de 1919, Lenin redacta "Notas sobre cooperativismo", y tras sostener que "en cada cooperativa no menos de 2/3 del total de miembros deben ser proletarios o semiproletarios", no duda en defender que: "Los organismos de las cooperativas obreras enviarán comisarios a las cooperativas en las que más del 10% de los miembros pertenezcan a las clases poseedoras. Los comisarios tienen el derecho de vigilancia y control, como también los derechos de "veto", y trasladarán las resoluciones apeladas a los organismos del CSEN parta la decisión definitiva". Estamos ante un ejemplo más de la democracia socialista y de la dictadura del proletariado, que es lo mismo. La identidad dialéctica entre democracia y dictadura --uno de los problemas incomprensibles para la ideología burguesa y reformista-- aparece confirmada de nuevo en el texto "En contribución al problema de las relaciones con el campesinado medio", redactado medio mes después de las Notas anteriores. Son trece medidas escuetas de las que destacamos:

      "1) Reducir INMEDIATAMENTE el impuesto extraordinario con que se gravan los campesinos medios. 2) (...) Trabajar en favor del campesino medio. 3) Formar comisiones (...) en defensa del campesino medio. 6) Campaña de prensa. 7) "Manifiesto" sobre la defensa del campesino medio. 8) Verificación (y abolición) de las medidas coercitivas para el ingreso en la comuna. 9) Verificación de las medidas de abastos en el sentido de atenuar las requisas, multas, etc., impuesta al campesino medio. 10) Amnistía. 11) "Identificación del kulak"". La democracia socialista se amplía a los campesinos medios mientras que la dictadura del proletariado sigue vigente para las clases poseedores, y para las cooperativas en las que más del 10% de los miembros pertenezcan a esa clase.

      Una vez más, se trata de ampliar las fuerzas sociales que de un modo u otro apoyan la lucha revolucionaria o, cuando menos, no se oponen a ella. Es decir, neutralizarlas y, en el peor de los casos, impedir que se sumen a la contrarrevolución. Todos los bolcheviques se vuelcan en esta tarea, y también otras fuerzas revolucionarias que van comprendiendo la corrección estratégica del leninismo. Especial mención merece aquí el texto "ABC del Comunismo" de N. Bujarin y E. Preobrazhenski, de 1919, que se convirtió en el manual de formación de la militancia durante el decisivo período llamado "comunismo de guerra". Pues bien, además de la detallada explicación que dan de la importancia del cooperativismo y del sovietismo en general, ofrecen un dato de 1913, entonces el más actualizado:

      "la población urbana era de algo menos del 18 por ciento del total" de Rusia, y precisan: "No todos los trabajadores son como los de Petrogrado. Muchos son retrasados e ignorantes; tales personas no están acostumbradas a trabajar en equipo. Hay un gran número de trabajadores que son recién llegados a la ciudad. La mayoría de éstos poseen una mentalidad de campesino y se solidarizan con el campesinado".

      En realidad, ambos autores estaban certificando el límite de la solidaridad campesina formada en los débiles restos de la tradición de resistencia de las comunas agrarias. Había pasado mucho tiempo desde que Marx y Engels, con su escepticismo de fondo, habían reconocido la débil posibilidad de tránsito al socialismo sin tener que pasar por el capitalismo. Además, se habían producido intensos y extensos cambios capitalistas, como hemos visto. La solidaridad campesina, pese a existir y movilizarse al comienzo de la revolución, y pese a mantenerse en las durísimas condiciones posteriores, tenía unos límites inherentes impuestos por la propia naturaleza de la explotación que sufría.

      Muchos estudiosos y políticos, fueran revolucionarios o no, comprendían esta naturaleza. Kautsky, por ejemplo, en su obra: "Terrorismo y comunismo", también de 1919 afirmaba: "Cierto que el trabajador ruso debe a sus comunidades rurales un intenso sentimiento de solidaridad; pero esta solidaridad abarca un círculo tan estrecho como el de la comunidad misma. Se reduce a la esfera limitada de sus camaradas próximos. La gran comunidad social le es indiferente".

      También lo sabían los bolcheviques y de ahí, para aumentar la solidaridad mediante el aprendizaje práctico, la importancia estratégica que daban al cooperativismo en concreto, y en general a la ampliación de la democracia socialista para la mayoría de la población y la aplicación de la dictadura del proletariado a los reaccionarios. No podemos extendernos ahora en esta segunda parte, en los esfuerzos bolcheviques por extender esa democracia socialistas; por garantizar y ampliar el debate democrático efectivo y constructivo dentro las organizaciones de todo tipo; por "abrir" la administración a la gente e introducir controladores e inspectores obreros, campesinos y populares "no bolcheviques" dentro de las instancias dirigidas por los bolcheviques, etc., tendiendo en cuenta las condiciones de vida o muerte de aquellos años decisivos.

      3.4. NEP, COOPERATIVISMO Y ECONOMÍA SOCIAL

      Ampliar la "esfera limitada" de la solidaridad campesina y acabar con la indiferencia ante la "gran comunidad social", exigía aumentar sus interrelaciones con la industria, y como dice Lenin en "Sobre las cooperativas de consumo y de producción", de abril de 1921:

      "Las cooperativas de producción coadyuvarán al desarrollo de la pequeña industria. La cual proporcionará un aumento de la cantidad de los productos que los campesinos necesitan. La mayor parte de estos artículos no requieren ser transportados a grandes distancias por ferrocarril ni necesitan grandes instalaciones fabriles. Hay que apoyar y desarrollar con todas las medidas las cooperativas de producción, y es deber de los funcionarios del Partido y de los Soviets brindarles todo tipo de ayuda, pues esto aliviará de golpe y mejorará la situación de los campesinos. Y en este momento, el ascenso y la restauración de la economía nacional en el Estado obrero y campesino dependen más que nada del mejoramiento de la vida y de la hacienda de los campesinos (...) Las autoridades soviéticas deben controlar la actividad de las cooperativas, para que no haya fraudes, ocultación al Estado ni abusos. En ningún caso deberán poner trabas a las cooperativas, sino ayudarlas por todos los medios y colaborar con ellas".

      Esta cita tiene una doble importancia porque, de un lado, reafirma de nuevo la tesis clásica marxista del ciclo completo de producción-consumo en manos de los cooperativistas, de los trabajadores asociados, etc.; y, de otro lado, está escrita en el mismo inicio de la Nueva Política Económica, la famosa NEP, con la que se pretendía un arriesgado equilibrio transitorio y siempre sometido al control director de la democracia socialista, entre una reactivación económica capitalista en la que la burguesía tendría una función precisa, y el Poder de los Soviets basado en la movilización de las masas trabajadoras que amplían las relaciones socioeconómicas socialistas. Tras la victoria militar en la salvaje guerra civil, los bolcheviques necesitaron un "período de respiro", la NEP, peligroso pero imprescindible para salvar la revolución y avanzar hacia el comunismo. Como en toda lucha reivindicativa y más en toda revolución, el "factor subjetivo", la conciencia crítica autoorganizada, tenía en la NEP una importancia decisiva.

      Pero la conciencia crítica de masas sólo surge de la práctica y del proceso material de conquista y control de los instrumentos liberadores. Por eso, además del cooperativismo socialista, Lenin defiende la extensión de entre "otros tipos de economía social", también de la hacienda campesina, los sovjoses, las comunas, los arteles, y las asociaciones. La "economía social" bolchevique no tiene nada que ver con la ideología propagandística burguesa sobre la "economía social" en el capitalismo, sino que es un instrumento vital en la autoorganización trabajadora en sus mismas bases cotidianas, locales.

      De hecho, en el mismo texto del que hemos extraído esta cita, las "Instrucciones del CTD a las instituciones soviéticas locales" de finales de mayo de 1921, Lenin insiste inmediatamente después en que las alternativas a los problemas de la pequeña industria, de la artesanía, de la economía doméstica, etc., pero también de la gran industria, "deben ser del mismo género que en el punto anterior", el de la "economía social". El pueblo trabajador, empobrecido por la larga explotación histórica y por los costos de la guerra de 1914-18, la guerra civil posterior, el implacable cerco imperialista y el sabotaje contrarrevolucionario interno, debe intervenir mediante "los organismos locales que observan de cerca, directamente, la vida y el trabajo de las grandes empresas de importancia nacional, su influencia en la población circundante y la actitud de la población hacia ellas, deben comunicar sin falta en cada informe datos de estas empresas, datos acerca de cómo los organismos locales ayudan a esas empresas, cuáles son los resultados de esas ayudas, qué ayuda prestan esas empresas a la población local, qué necesidades más perentorias tienen esas empresas, qué faltas observan en su organización, etc.".

      El cooperativismo socialista, la economía social, los organismos locales que observan directamente a las grandes empresas, estos y otros instrumentos, formaban el contrapeso, la garantía y el poder práctico de la revolución para impedir que crecieran y se desbocasen las fuerzas irracionales inherentes a la economía mercantil que estaba presente en la NEP. Un año y medio después, el 2 de noviembre de 1922 Lenin insiste en "Tesis sobre el Banco Cooperativo" en la "participación en el Banco de los más destacados cooperativistas comunistas de la agricultura para controlar y apresurar el trabajo; estímulo del Banco del Estado al Banco Cooperativo en forma de reducción del interés". La urgencia de Lenin nace de la inmensa complejidad de los problemas a los que se enfrenta el Poder de los Soviets, y, en especial, del peso, influencia y poder creciente que va tomando la burocracia incrustada en el aparato administrativo.

      Una y otra vez, cada día más, Lenin advierte del problema y llama a la movilización, como en el "Discurso pronunciado en el pleno del Soviet de Moscú" del 20 de noviembre de 1922: "Nuestra administración sigue siendo la vieja, y nuestra tarea consiste ahora en transformarla a lo nuevo. No podemos transformarla de golpe, pero necesitamos organizar las cosas de manera que estén bien distribuidos los comunistas con que contamos. Es preciso que estos comunistas manejen las administraciones a las que les han enviado, y no, como ocurre a menudo, que sean las administraciones las que les manejan a ellos. No hay por qué ocultarlo y debemos hablar de ello con claridad".

      3.5. INVIERNO 1922 Y ÚLTIMO COMBATE COOPERATIVISTA

      Un ejemplo aplastante de la importancia crucial que otorgaba Lenin al cooperativismo lo tenemos en el hecho de que uno de los siete últimos escritos, los realizados entre el 23 de diciembre de 1922 y el 2 de marzo de 1923, en su agonía, lleva el título "Sobre las cooperativas", terminado el 3 de enero. Otro ejemplo de la importancia del tema es que esos breves escritos se centran sobre muy pocos problemas: cómo resolver las tensiones internas en el partido; cómo lucha contra la burocracia y democratizar más el partido y las instituciones; cómo resolver los problemas nacionales y como mejorar el cooperativismo, además un texto de debate teórico sobre la revolución bolchevique. Pedimos perdón por las citas que transcribimos pero son de una importancia crucial como síntesis de una teoría sistemáticamente menospreciada, tergiversada u ocultada:

      "En los sueños de los viejos cooperativistas hay mucha fantasía. A menudo resultan cómicos por lo fantástico que son. Pero ¿en qué consiste su fantasía? En que la gente no comprender la importancia fundamental, la importancia cardinal de la lucha política de la clase obrera ara derrocar la dominación de los explotadores".

      "Entre nosotros hay menosprecio por las cooperativas, ni se comprende la excepcional importancia que tienen, primero, desde el punto de vista de los principios (la propiedad de los medios de producción en manos del Estado); segundo, desde el punto de vista del paso a un nuevo orden de cosas por el camino más sencillo, fácil y accesible para el campesinado".

      "... nos hemos olvidado de las cooperativas, las subestimamos y hemos comenzado ya a olvidar su gigantesca importancia en los dos antecitados aspectos de su significación".

      "Es necesario organizar en el aspecto político las cooperativas de suerte que no sólo disfruten en todos los casos de ciertas ventajas, sino que estas ventajas sean de índole puramente material (el tipo de interés bancario, etc.)Es necesario conceder a las cooperativas créditos del Estado que superen, aunque sea un poco, a los concedidos a las empresas privadas, hasta alcanzar incluso en nivel de los créditos para la industria pesada, etc.".

      "Hablando con propiedad, nos queda por hacer una cosa "nada más": elevar a nuestra población a tal grado de "civilización" que comprenda todas las ventajas de la participación de cada cual en las cooperativas y organiza esta participación".

      "Ahora bien, cuando los medios de producción pertenecen a la sociedad, cuando es un hecho el triunfo de clase del proletariado sobre la burguesía, el régimen de los cooperativistas cultos es el socialismo".

      "En nuestro régimen actual, las empresas cooperativas se diferencian de las empresas capitalistas privadas en que son colectivas, pero no se distinguen de las empresas socialistas siempre y cuando se hayan establecido en un terreno del Estado y empleen medios de producción pertenecientes al Estado, es decir, a la clase obrera".

      "...las cooperativas adquieren en nuestro país, gracias a la peculiaridad de nuestro régimen político, una importancia excepcional por completo. Si dejamos a un lado las empresas en régimen de concesión que, por cierto, no han alcanzado en nuestro país un desarrollo importante, las cooperativas coinciden totalmente a cada paso, en nuestras circunstancias, con el socialismo".

      "¿En qué consiste la fantasía de los planes de los viejos cooperativistas, empezando por Robert Owen? En que soñaban con la transformación pacífica de la sociedad moderna mediante el socialismo, sin tener en cuenta cuestiones tan fundamentales como la lucha de las clases, la conquista del poder político por la clase obrera y el derrocamientos de la dominación de clase de los explotadores. Por eso tenemos razón para ver en el socialismo "cooperativista" una pura fantasía, algo romántico y hasta trivial por sus sueños de transformar, mediante el simple agrupamiento de la población en las cooperativas, a los enemigos de clase en colaboradores de clase, y a la guerra de las clases en paz entre las clases (la llamada paz civil)".

      "Se nos plantean dos tareas principales que hacen época. Una es la de rehacer nuestra administración pública, que ahora no sirve para nada en absoluto y que tomamos íntegramente de la época anterior; no hemos conseguido rehacerla seriamente en cinco años de lucha, y no podíamos conseguirlo. La otra estriba en nuestra labor cultural entre los campesinos. Y el objetivo económico de esta labor cultural entre los campesinos es precisamente organizarlos en cooperativas. Si pudiéramos organizar en cooperativas a toda la población, pisaríamos ya con ambos pies en terreno socialista. Pero esta condición, la de organizar a toda la población en cooperativas, implica tal grado de cultura de los campesinos (precisamente de los campesinos, pues son una masa inmensa), que es imposible sin hacer toda una revolución cultural".

      Lenin murió dos semanas después y aunque el cooperativismo se mantuvo en vigor, fue perdiendo todo el contenido que Lenin pretendió darle.


      4. COOPERATIVISMO, COMUNAS, CONSEJOS Y SOVIETS

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